lunes, 16 de septiembre de 2019

"ÉLITE": sangre, fiesta y reggaetón

Hace un par de semanas, NETFLIX estrenó los nuevos episodios de “Élite” una de sus mayores bazas para la temporada de otoño después de convertirse el año pasado en un éxito no sólo nacional sino también internacional, alcanzando más de 20 millones de visionados en el primer mes de su estreno. Esta segunda temporada está también compuesta por ocho episodios que resultan tan adictivos, o más, que los anteriores. Por cierto, ahora que menciono lo de los episodios, se me viene a la cabeza la duda existencial de por qué “Elite” sólo tiene ocho episodios por temporada mientras que “Por 13 razones” tiene, por ejemplo, trece. Pero ese es otro tema que comentaré en profundidad cuando le llegue el turno de hablar de esta última.


Como recordaréis, la primera temporada de “Élite” terminó en un momento crucial para el futuro de sus protagonistas (y para los nervios de los espectadores, por qué no decirlo), y es que la detención de Nano como presunto autor del asesinato de Marina no fue del agrado de todos sus amigos/compañeros/familiares. Por eso, Samuel decide, en el inicio de esta segunda temporada, ponerse manos a la obra e iniciar una investigación paralela (hace bien teniendo en cuenta que la inspectora no puede ser más torpe e inútil), y no sólo con el objetivo de sacar a su hermano de la cárcel sino también para dar con el verdadero asesino de su amada Marina. Lo de la friendzone ya si eso lo pasamos por alto.


Pero el deseo de justicia de Samuel no será el único motor para estos nuevos episodios ya que el resto de personajes intentará seguir, en mayor o menor medida, con sus vidas. Omar y Ander tendrán que dar un paso adelante en su relación si quieren que ésta salga adelante. Salir del armario para sus familias, mostrar su afecto en público o el miedo a lo que su entorno pueda pensar serán algunas de sus preocupaciones (suyas y de cualquier pareja homosexual, francamente). Lu tendrá que lidiar con un novio, Guzmán, que no logra superar la muerte de su hermana y que está dispuesto vengarla, cueste lo que cueste. Pasar el verano en Asturias no ha resultado del todo efectivo. Y el trío poliamoroso formado por Carla, Polo y Christian vivirán su peculiar infierno tratando que nadie sepa la verdad sobre la muerte de su amiga. 


Con todo lo mencionado y mucho más que no puedo mencionar por eso de los spoilers y tal, hay que reconocer que esta segunda temporada de “Élite” ha sabido mantener todo aquello que nos hizo engancharnos a la primera, y no era tarea fácil, ya que la serie navega siempre en una balanza de misterio, amor adolescente, sexo, morbo y cliffhangers que en cualquier momento puede desequilibrarse y caer por el precipicio. Pero lejos de despeñarse, estos nuevos episodios han conseguido levantar el vuelo gracias a un buen puñado de acertadas decisiones por parte de sus creadores Darío Madrona y Carlos Montero y que han contribuido a que el nivel de adicción siguiese por las nubes.

Por un lado las incorporaciones, y es que las ausencias de Nano y Christian en estos nuevos episodios (cuyos actores estaban rodando lo nuevo de “La Casa de Papel”) parecían demasiado complicadas de suplir, pero los tres nuevos personajes han cumplido sobradamente su cometido. La trama de falsa rica de Cayetana (Georgina Amorós), la relación incestuosa entre Lu y su recién llegado hermanastro Valerio (Jorge López) y todo, absolutamente TODO lo que rodea al personaje de Rebeca (Claudia Salas) han ayudado a cubrir las bajas (de momento temporales) de Miguel Herrán y Jaime Lorente. Reconozco que mi mente no deja de fantasear con una pareja Rebeca-Christian.


Y otro acierto de la temporada ha sido el merecido protagonismo de dos personajes con mucho potencial. Por un lado Lu, que no se ha limitado a soltar frases bordes sino que ha tenido un peso crucial para el devenir de los acontecimientos y que se ha encontrado metida de lleno el todos los asuntos que toca la temporada. Y por el otro la siempre maravillosa Carla. Y es que la tarea interpretativa que tiene Ester Expósito quizá sea la más complicada del reparto, ya que no es fácil hacer creíble, y sobre todo “amable” un personaje tan extremo. Expósito ha sabido ir más allá de la marquesa femme fatale para darnos un personaje fuerte, con una mente muy fría pero también sentimental y pasional. En serio, perfecta.

Al final, el resultado que nos deja esta segunda temporada de “Élite” es un puñado de capítulos lo suficientemente sólidos, entretenidos y solventes como para que esté más que justificada una tercera  temporada (ya confirmada) y no sólo por el final al borde del colapso con el que los creadores están empezando a acostumbrarnos. Quedan muchos secretos aún por descubrir en el instituto de Las Encinas y yo, en serio, estoy contando las horas que quedan para que vuelvan. 

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